Curso de entrenamiento isométrico de la memoria (1972)

Autor: Harry Lorayne

Tras dedicar las últimas entradas a libros en donde la mnemotecnia tan solo ocupa un lugar secundario, me apetecía esta vez centrar mi atención en un texto enfocado enteramente a las técnicas de memorización.

Y para estar seguro de no errar el tiro, he escogido en esta ocasión una obra firmada por el gran Harry Lorayne. Ahora bien, no he elegido un título cualquiera; éste probablemente sea el menos conocido y más singular de cuantos ha publicado el autor norteamericano. ¿Qué lo hace especial?

Dividido en dos volúmenes, se trata de una obra bastante extensa (en total, unas cuatrocientas páginas) en la que el autor se entretiene en explicar con minuciosidad los diversos temas tratados, hasta el punto de hacerse un poco pesado en algún capítulo. Pero no es esta su principal singularidad.

Está el libro planteado en forma de curso, en el que de vez en cuando se indaga al lector con preguntas que debería ser capaz de responder bien si comprende las explicaciones del autor.

Pero lo más curioso es que está redactado con breves párrafos, numerados, en los que se aprecian huecos correspondientes a alguna palabra que se ha omitido a propósito y que el lector debe deducir. La palabra correspondiente a cada hueco aparece a la derecha del párrafo, de forma que podamos comprobar si el término escogido para completar el texto es el correcto.

Salvo por este detalle, el libro se lee como cualquier otro libro; de hecho, si rellenásemos los huecos con las palabras adecuadas, nos encontraríamos con un texto convencional.

En cuanto al contenido, excelente, como casi todos los títulos de Lorayne. En este, más que en otros, está presente la experiencia del autor sobre los escenarios; no sólo porque desvela la mecánica de algunos de sus números, también por las materias desarrolladas en capítulos como “Cómo acordarse de nombres y fisonomías”, “Cómo recordar las cartas de una baraja” o “Algunos juegos de memoria”.

Una advertencia final: la edición de este libro no está muy cuidada, siendo el fallo más clamoroso la total ausencia de las ilustraciones que supuestamente acompañan al texto (su lugar lo ocupan grandes espacios en blanco). Esto es especialmente gravoso en el capítulo dedicado a los rostros: resulta imposible seguir las explicaciones ni practicar los ejercicios propuestos sin ver la figura sobre la que se trata.

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