Nuestra memoria y el modo de utilizarla (192?)

Autor: W. W. Atkinson

Un libro que esconde varias incógnitas. La primera fue descubrir su verdadero autor, pues aunque manejo un ejemplar de fecha indeterminada firmado por W. W. Atkinson, el mismo libro -palabra por palabra- se publica de nuevo en los años sesenta pero atribuido a un tal Waldo J. Swingle.

Tras muchas pesquisas buscando cual podría ser la obra original -y poder así verificar al autor-, descubro que este título se corresponde al Memory culture de, efectivamente, W. W. Atkinson, publicado en Chicago en 1903. La razón de porqué en posteriores ediciones se sustituye el nombre, no la sé: Atkinson fue un autor prolijo que utilizó varios pseudónimos, quizás Swingle fuera uno de ellos; o quizás se pensó que la obra sería más vendible atribuida a otra persona.

En cualquier caso, estamos ante un libro típico de principios de siglo en el que se pretende mejorar la memoria sin recurrir a ningún tipo de artificio mnemotécnico.

El autor parte de la premisa de que nuestra memoria es como un almacén en el que se guardan todas las impresiones que llegan desde los sentidos, sin que normalmente seamos conscientes de ello, de ahí la posterior dificultad en recuperar los recuerdos. Pero, en la medida en que prestemos más atención y seamos más conscientes, más fácilmente podremos recuperar aquello impreso en la memoria. Y puesto que mediante el ejercicio podemos mejorar nuestra capacidad de atención, también podemos, en consecuencia, mejorar nuestra capacidad de memoria.

La mnemotecnia, en tanto que no aprovecha para mejorar la memoria, no se tiene en cuenta. Es más, en opinión del autor, el embrollo mental al que inducen las técnicas de memorización constituye más una molestia que una ayuda.

Y aquí es cuando surge la siguiente gran incógnita de este libro.

A pesar del poco aprecio que muestra por la mnemotecnia, el último capítulo dedica varias páginas a presentar las técnicas de memorización habituales, y hace un recorrido histórico bastante completo, incluyendo a Simónides y el método “loci”, el código fonético de Winkelmann, el número/sonido de Sambrook, etc.

Pero, ¡atención! Esto es en el texto original en inglés. En este libro, en la adaptación al español, nada de esto aparece: el último capítulo consta de un único párrafo en el que se rechaza el uso de la mnemotecnia. Fin.

¿A qué se debe esta mutilación? ¿Por qué no se trasladan al español las páginas dedicadas a las técnicas de memorización? Lo dicho, una incógnita.

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