Manual de mnemotecnia (1930)

Autor: H. D. Villaplana (Juan B. Bergua).

Se trata de un pequeño libro de apenas 62 páginas, pero páginas densas y áridas. No se lee con agrado, avanzar en la lectura es como avanzar por el desierto en busca de un oasis que solo llega al encontrar la palabra “fin”.

Y eso que yo suelo leer con interés todo lo relacionado con la mnemotecnia, pero quizás ese sea precisamente el principal inconveniente: a pesar de lo que pudiera sugerir el título, no se trata de un texto de mnemotecnia.

La obra se encuadra en lo que en su época, durante las primeras décadas del siglo XX, se denomió “la educación racional de la memoria”, un movimiento que en su propósito de fortalecer y mejorar la memoria no ve en la mnemotecnia más que un impedimento, un ejercicio estéril.

El autor cobija bajo el paraguas de la palabra “mnemotecnia” cualquier cosa relacionada con la memoria -de ahí el título- pero a lo que realmente es mnemotecnia tan sólo dedica las últimas páginas, bajo el título de “mnemotecnia convencional”.

Aborda este apartado siguiendo el libro Mnemotecnografía de Ramiro Ros Ráfales -su principal fuente de información- al que reconoce algún mérito, que alguna de sus enseñanzas pueden, en casos muy concretos, “sin sacarlas de sus justos límites”, ser de cierta utilidad, pero no duda en calificar como una sarta de sandeces la mayor parte de las técnicas descritas.

Se entretiene el autor en describir el sistema topográfico (método “loci”), el alfabeto numérico (código fonético), y alguna cosa más, pero no puede ocultar su parecer cuando en un momento dado afirma:

“[…] de no tener biblioteca no nos desanimemos; empecemos a ahorrar para adquirirla, jurándonos no tirar el dinero en comprar libros de mnemotecnia […]”

Me pregunto si al escribir esta línea fue consciente del título de su propio libro.

NOTA: Este libro formaba parte de una colección llamada “Pequeña Enciclopedia Práctica”, en la que cada tomo se dedicaba a una materia distinta. El Manual de Mnemotecnia corresponde al tomo 29.

CURIOSIDAD: Hay una segunda edición de 1951 que se vendía, en su época, a cuatro pesetas.

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